El informático Leonard Kleinrock, que con su teoría matemática de la conmutación de paquetes contribuyó notablemente al desarrollo de ARPANET, precursora de Internet, comienza su artículo sobre la historia de Internet con nombres poco convencionales, que solo muy esporádicamente, si es que alguna vez, se asocian con esta red global. Menciona al científico e inventor Nikola Tesla, que ya en 1908 reflexionaba sobre una tecnología que «permitirá a un hombre de negocios de Nueva York dictar instrucciones que aparecerán al instante impresas en su oficina de Londres»[1], o que permitiría «el acceso global a cualquier imagen, carácter, dibujo o impreso»[2]. Si mencionamos una «enciclopedia mundial permanente» en la que toda la memoria humana estará al instante al alcance de cada persona; en la que trabajan muchas personas a la vez; que es compacta en su forma material y, sin embargo, enorme en su alcance; que contiene muchos resúmenes claros de importantes hechos históricos, técnicos, científicos, artísticos y de otro tipo; y que es un camino hacia la paz mundial, no nos referimos al proyecto Wikipedia, sino a una visión que dejó escrita en 1937 el literato H. G. Wells en su ensayo World Brain — The Idea of a Permanent World Encyclopaedia.[3] Para Wells, esta enciclopedia suponía un posible complemento progresista de las instituciones tradicionales y conservadoras de las universidades y las escuelas. Debía ser un «órgano mundial» que conectara todas las mentes humanas. Es increíble cómo esta visión de 1937, salvo quizá por aquella paz mundial, se cumplió y se materializó primero en la red de Internet, después en la plataforma de la Web y finalmente en la ya mencionada Wikipedia. Donde, desde la perspectiva actual, la profecía de Wells titubea es en la manera en que imaginó la búsqueda en este cerebro mundial. En su ensayo se limita a mencionar que la información se ordenaría mediante índices. Deja así al lector que imagine cómo funcionaría la navegación por la información y su interconexión. Sabemos que el cerebro humano funciona según un principio asociativo, es decir, que no es necesario volver a los niveles superiores de un índice en árbol para pasar a otra información, sino que esa información nos resulta accesible directamente sobre la base de una asociación en nuestra memoria.

Vannevar Bush

La unificación de las operaciones mentales del cerebro humano y de la tecnología para registrar, buscar y compartir información se materializa en el dispositivo Memex, que propone en el plano teórico, después de la guerra, en 1945, el ingeniero estadounidense Vannevar Bush en el hoy ya legendario artículo As We May Think. Cuarenta y cuatro años antes de que Tim Berners-Lee volviera a ocuparse de esa misma cuestión, Bush se pregunta cómo podría mejorarse el trabajo de los científicos, sobre todo su acceso a la información de otros investigadores. Si los científicos tuvieran acceso a la investigación actual, la síntesis de la información se basaría en los conocimientos más recientes, con lo que mejoraría a su vez su calidad y contribuiría a construir información nueva.

Antes de presentar su proyecto principal —el Memex—, Bush se plantea si el propio registro de la información no podría modernizarse teniendo en cuenta el desarrollo de la fotografía de la época. Bush imagina una cámara que una persona lleva «sujeta a la frente y no más grande que una nuez»[4]. Esta registra todo aquello a lo que el científico la apunta. Se impone un comentario y una comparación con la tecnología actual en forma de Google Glass. La cámara portátil de Bush en la frente no es otra cosa que un prototipo de la primera tecnología «wearable».

El Memex era un dispositivo electromecánico hipotético que interconectaba documentos en microfilm. Bush lo llamó un suplemento de la memoria humana, lleno de todos los registros, libros y comunicaciones que la humanidad ha producido. Además de la indexación tradicional por nombres, Bush propone la indexación asociativa como un mecanismo que permite pasar de cualquier elemento a cualquier otro. El Memex parecía un mueble o un escritorio, y la idea era que el trabajador se sentara ante él. Delante tendría dos pantallas en las que no solo podría consultar los registros, sino también editarlos directamente mediante un «estilete» y la interacción con la pantalla. Vemos aquí una idea embrionaria de la primera interfaz gráfica de usuario: Bush sugirió que, mediante la interacción con la pantalla del dispositivo, podemos cambiar el estado de la memoria del ordenador. Añadamos, por supuesto, que en el caso del Memex no se trataba de un tipo moderno de memoria informática, sino del microfilm que se utilizaba entonces.

Dibujo de época del Memex: un escritorio con dos pantallas inclinadas, un teclado y palancas para recorrer el microfilm. Fuente: Life, BUSH, As We May Think, p. 44

Representación del Memex tal como Bush lo esbozó en su artículo de 1945
Fuente: BUSH, Vannevar. As We May Think, p. 44

Todo el concepto carecería de sentido, sin embargo, si los documentos no pudieran interconectarse de manera razonable y sencilla. La consolidación del conocimiento y la creación de «senderos» propios, por los que el usuario vadea la avalancha de información, se hacen posibles asignando códigos numéricos a los distintos documentos (microfilms). Estos códigos no se eligen de forma arbitraria, sino en función de los senderos anteriores. Dicho de otro modo, el usuario puede crear senderos nuevos (que en sí mismos suponen crear narrativas lineales y coherentes en una maraña de desorden) o copiar senderos existentes, a los que añade sus propias notas y fotografías nuevas. Recordemos que, aunque los senderos resultantes tienen un carácter lineal, sus distintas partes no tienen por qué depender en modo alguno unas de otras. De ahí esa simulación del mecanismo asociativo de la memoria del cerebro humano.

Los senderos mencionados son la base teórica de los hipervínculos; el Memex, el primer concepto de un sistema de hipertexto. Pero aquí encontramos algo más. Copiar senderos existentes en el propio Memex y modificar partes de ellos recuerda un proceso muy conocido en el campo del desarrollo de software, el llamado forking. Si al desarrollar software usamos un sistema de control de versiones, no es difícil implementar una idea nueva que potencialmente podría echar a perder todo el trabajo realizado hasta entonces. Basta con crear a partir del repositorio original una versión nueva: un fork. La historia del desarrollo de software de código abierto contiene muchos casos interesantes en los que un fork acabó convirtiéndose en un proyecto completamente nuevo e independiente. En el marco del tema de este trabajo, el más interesante será el fork de la empresa Apple, que a partir del proyecto original KHTML se convirtió en el motor independiente WebKit. El navegador Firefox fue originalmente un fork del proyecto Mozilla Application Suite. El fork más reciente en el ámbito de los navegadores web lo trajo Google, que, tras utilizar durante mucho tiempo el motor WebKit para los navegadores Chrome y Chromium, creó un fork llamado Blink.

Bush escribe que «aparecerán formas completamente nuevas de enciclopedias, creadas al instante mediante la unión de senderos asociativos»[5]. Creía también que surgiría una profesión dedicada precisamente a componer nuevos senderos asociativos. Aunque hoy no se trate de una profesión como tal, Bush predijo la actividad de muchos miles de voluntarios que cada día editan y añaden nuevos conocimientos a la mayor enciclopedia de hoy: Wikipedia. Por último, mencionemos una idea que todavía no se ha cumplido; sin embargo, a la vista del desarrollo actual de la realidad virtual y del campo que se ocupa de la conexión y la comunicación entre el cerebro y el ordenador —brain-computer interface—, no se puede descartar que dentro de unos años los historiadores de la tecnología vuelvan a mencionar el nombre de Bush en relación con la introducción de los primeros sistemas que ofrezcan una conexión directa con la información almacenada. Al fin y al cabo, la línea de pensamiento de Bush es del todo lógica: si todas las percepciones sensoriales se convierten en una señal eléctrica y la actividad del cerebro también se compone de actividad electro(química), ¿por qué tenemos que convertir primero nuestros deseos y pensamientos de la forma eléctrica a la mecánica (el movimiento de las manos sobre el teclado) para volver a convertirlos después en forma eléctrica?

Vannevar Bush pertenece sin duda al panteón de los ingenieros imaginativos y originales. Bush era muy consciente de que solo era cuestión de tiempo que las posibilidades tecnológicas de la época alcanzaran su visión creativa. A los grandes pensadores, sin embargo, también se les puede juzgar por a quién y a cuántos seguidores influyeron sus ideas. En el caso de Bush, estos nombres son realmente grandes, pues influyó nada menos que en Douglas Engelbart y Ted Nelson.

Breve historia de la Web — serie en cinco partes:

  1. KLEINROCK, An Early History of the Internet, p. 26 ↑
  2. Ibíd., p. 26 ↑
  3. WELLS, World Brain: The Idea of a Permanent World Encyclopaedia ↑
  4. BUSH, As We May Think, p. 38 ↑
  5. BUSH, Vannevar. As We May Think, p. 46 ↑