EN REALIDAD HACE MUCHO QUE DEJAMOS DE COMUNICARNOS CON EL MUNDO
A principios de 2021, tras bastante tiempo, retomé la colaboración con Aleš Čermák y me sumé, en tanto que apoyo teórico, a su proyecto The Transversal Navigation, que se desarrolla en colaboración con la galería de la AMU (GAMU). Este año me incorporé, dentro del proyecto The Transversal Navigation (TTN), al equipo que, en palabras de Aleš, es «una entidad performativo-educativa que se ocupa del desplazamiento hacia otro estado global de la realidad – es decir, crea otros modos de ser en el mismo mundo. Una consecuencia necesaria de la navegación transversal es la alienación gradual, sistemática y consciente».
Fue precisamente el énfasis en los modos distintos de ser y en la alienación sistemática lo que me motivó a escribir un texto para Aleš, en el que utilicé mi lectura de textos de Graham Harman, Arthur Danto, Marshall McLuhan y la filósofa checa Alice Koubová para especular sobre si el arte no es un medio mejor para acercarse al ser de otros objetos (personas, cosas) que el que ofrece la filosofía. Me parece, como podéis leer allí si queréis, que la filosofía, con su orientación a la descripción verbal analítica, no puede sustituir la vivencia/experiencia de la interacción con otros objetos. La vivencia/experiencia no se agota reduciéndola a palabras. Lo que podemos hacer es intentar, con ayuda del arte, encontrar estrategias que nos atrapen en un micromundo y en espacios que induzcan la experiencia de una relación con otros objetos que no es directa, no es plena y, aun así, es más plena.
A Aleš le interesa la relación con otros objetos, sobre todo con otras personas con distintas diversidades corporales y neurológicas. El concepto principal de todo el proyecto TTN es la «transversalidad». A pesar de las numerosas interpretaciones de la palabra, entiendo la transversalidad como un proceso sin barreras (en todos los sentidos de la palabra) de traspasar las fronteras, los sentidos y los modos rutinarios y arraigados de comportarse existentes, con el fin de descubrir relaciones nuevas y mejores de la sociedad, las tecnologías y la cultura con las personas con distintas diversidades del cuerpo y de la mente. Y no por un sentimiento sentimental de que las personas con estas diversidades «necesitan nuestra ayuda». Por lo que pude entender del enfoque de Aleš, no tiene tiempo para relaciones sentimentales e irreflexivas con las demás personas. Para Aleš lo importante es usar las herramientas y los procedimientos que ofrece el arte performativo para que nosotros, en tanto que mayoría de la sociedad, tengamos ante todo la posibilidad de establecer una relación más abierta y más auténtica con las personas con diversidades corporales y mentales. Al mismo tiempo, Aleš no intenta imponer a las personas que participan en su performance una única visión del mundo correcta ni una única manera de ver las cosas; confía en que un proceso bien planteado y las affordances del encuentro (en eso reside, me parece, la intención de su obra artística) llevarán a los participantes a ver las cosas de otra manera gracias a esta vivencia, y con ello cambiará su visión (por temporal que sea) del mundo, de sí mismos y también de las demás personas.
Mientras que mi primer texto para el proyecto TTN tenía una orientación teórica, en mi segundo texto para TTN, «Alienación y un espacio para el amor radical», intenté usar una vivencia concreta y personal para expresar con qué frecuencia creamos barreras artificiales entre nosotros solo porque no estamos dispuestos y/o no somos capaces de admitir que nuestra comprensión del mundo no es algo que hayamos construido paso a paso, sino algo que en gran parte tomamos de nuestro entorno sociocultural en tanto que precomprensión hermenéutica. Esa precomprensión no es algo malo a priori. Ninguno de nosotros puede crear cada día valores y modos de comportarse en el mundo completamente nuevos — algo que Nietzsche nos pedía a través de su personaje de Zaratustra. En lugar de eso, adoptamos los modos de comportamiento y de pensamiento de las generaciones anteriores, y eso nos permite llevar vidas normales, pues no tenemos que pensar cada segundo de nuestra vida en las preguntas fundamentales de nuestra existencia (por qué vivimos, por qué nos levantamos por la mañana, qué formas de relación con otras personas son correctas, etc.). Naturalmente, hay personas, por ejemplo filósofos o teólogos, que dedican su vida precisamente a hacerse estas preguntas, pero no es el caso de la mayoría de la sociedad.
Sin embargo, como la mayoría de la gente no tiene tiempo para ocuparse de estas preguntas, adoptamos prejuicios y abismos artificiales en las relaciones con las demás personas; por ejemplo, precisamente con las personas con diversidades corporales y neurológicas. Una de las maneras de superar estos prejuicios y abismos es llegar a un estado de apertura absoluta hacia la otra persona, una especie de puesta entre paréntesis del propio ego, de modo que podamos, quizá por primera vez, percibir, vivir y sentir la relación con esa otra persona sin filtros ni prejuicios heredados. ¿Qué papel tiene en esto el arte? ¿Se puede alcanzar un estado así? ¿Tiene sentido llamar a ese estado amor radical hacia el otro?
El texto «Alienación y un espacio para el amor radical» se puede descargar en versión checa e inglesa desde las páginas del proyecto alojadas en el dominio de la Galería de la AMU. También podéis descargar los PDF de los textos aquí TTN2_A4_Ferenc_CZ y aquí TTN2_A4_Ferenc_EN_uprava_01.
Con esto doy las gracias también, además de a Aleš, a Petr Krátký, a Terezie Štindlová por la parte visual y a Vít Bohal por la traducción al inglés de mi texto.