El siguiente texto es la transcripción de mi presentación en la primera Pecha Kucha #SNMtalks de la historia, organizada por Estudios de Nuevos Medios de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Carolina
El diseño cambió en el siglo XX. Surgieron nuevas disciplinas, pasamos del mundo físico al digital, y muchos teóricos se dieron cuenta de que las habilidades y los métodos de los diseñadores pueden usarse no solo para diseñar objetos, sino también para el cambio social. Y es precisamente de este potencial del diseño de lo que quiero hablar.
Para entender el extraordinario potencial del diseño, volvámonos, al contrario, hacia un objeto completamente ordinario: la botella de PET. ¿Qué función tiene? ¿Qué significado tiene? La mayoría de la gente dirá que sirve para beber y que su forma se diseñó específicamente para ese uso. Aquí vale el viejo y conocido eslogan «la forma sigue a la función».
Pero la gente usa la botella de PET también de otras maneras, por ejemplo en la jardinería sostenible, donde la botella de PET adquiere de repente no solo una nueva función, la de maceta, sino también un significado completamente opuesto: de símbolo del despilfarro de plástico pasa a ser una herramienta para un mundo mejor. ¡Pero, sobre todo, la función sigue a la forma! Porque fue a partir de su forma como la gente decidió que serviría de maceta.
¿A qué hemos llegado? Vemos que los significados y las funciones de los objetos no son fijos, sino construidos socialmente, dependientes del contexto, de las personas, del azar, de la creatividad, etc.
¿Por qué es así? Porque en cuanto soltamos los objetos en el mundo, estos, metafóricamente hablando, se van entretejiendo en una red compleja llena de cosas, personas, relaciones, contextos e ideas. Y para entender no solo las funciones, sino también el significado de las cosas, tenemos que situarlas en una perspectiva más amplia; tenemos que mirarlas como un sistema.
Benjamin Bratton describe una de las posibles maneras de ver el mundo como sistema. La llama el Stack, que se compone de varios niveles, cada uno de los cuales proporciona recursos a los demás. Es una megaestructura planetaria compuesta de redes, la nube, aplicaciones móviles, smart cities e internet de las cosas.

Hay que decir que un sistema así cambia constantemente y es caótico. Tan caótico que crear para él algo que deba ser perfectamente funcional es una ilusión. El diseño, más que de funcionalidad, trata de no-funcionalidad y de parches provisionales.
Eso no significa que los diseñadores sean impotentes frente al caos, pues lo que los hace únicos es precisamente su talento para moverse en la incertidumbre. Como si les gustara chapotear en el barro del caos, en el que son capaces de crear nuevos patrones, nuevos significados y nuevas funciones.
El diseño es así un modo de ser que se sitúa en la frontera entre el caos y el orden. El diseñador es el verdadero Übermensch de Friedrich Nietzsche, pues crea en este mundo sus propios valores nuevos, tal como Nietzsche exigía. El diseñador es teórico y práctico; es literalmente un filósofo con el martillo, que no destruye, sino que crea.
¿Cómo se mueve exactamente el diseñador en esa red caótica? Pensando de forma sistémica. El pensamiento sistémico significa la capacidad de pensar tanto en el nivel macroscópico como en el microscópico, la capacidad de ver nuevas relaciones y, al mismo tiempo, saber que el todo es más que la suma de sus partes.
Empezaré con un ejemplo de cómo se ve cuando no se piensa de forma sistémica: el plan arquitectónico de París que diseñó Le Corbusier. Como no pensaba de forma sistémica, ignoró las necesidades humanas de zonas verdes y de sensación de comodidad y seguridad, y así diseñó un gran cementerio de hormigón, muerto.
En cambio, un ejemplo de pensamiento sistémico es el iPhone. A mi juicio tuvo éxito sobre todo porque permitió que los propios usuarios llenaran con sus propios significados y funciones la red compleja en la que el iPhone se encuentra como objeto. ¿Cómo? El iPhone es una especie de recipiente-plataforma al que añadimos aplicaciones, que son entonces las funciones y los significados mismos.
Porque el iPhone no significa para sus usuarios solo un teléfono. Significa la conexión con mi abuela cuando estoy en el extranjero, significa buscar pareja, buscar trabajo, significa aprender español, jugar, leer un libro o incluso un pisapapeles muy, muy caro cuando se rompe.
Pero los diseñadores pueden aplicar el pensamiento sistémico no solo a los objetos, sino también a la sociedad y la cultura, incluso a problemas económicos y políticos que existen en una zona gris donde ni el Estado ni el sector comercial han encontrado la receta correcta, no por falta de dinero, sino por la incapacidad de unir de forma creativa cosas dispares.
Llamemos al diseño para el cambio social activismo de diseño, en el que los diseñadores, con su talento, no solo contribuyen a resolver problemas sociales, sino que también encuentran problemas. Mi ejemplo favorito de activismo de diseño viene de los Países Bajos, donde la vivienda cara causa dificultades tanto a los estudiantes como a las personas mayores. Un proyecto de allí es un ejemplo de intervención de diseño inteligente, pues resuelve los problemas de ambos grupos proporcionando un hogar a personas mayores en el que, al mismo tiempo, los jóvenes tienen alojamiento gratuito a condición de que durante la semana cuiden de sus compañeros de piso mayores. Otro ejemplo de activismo de diseño es también Uber, que, como innovación social disruptiva, chocó sin embargo con la resistencia y los límites del propio sistema, definidos por la política y las leyes.
Parece que, si algo fundamental ha de cambiar en la sociedad, los diseñadores tienen que dirigir su atención también a la política. Y eso es lo que está ocurriendo. Desde el estudio danés MindLab, que rediseñó la enseñanza pública, hasta la iniciativa de la Unión Europea Design for Europe, que apoya la innovación en las empresas y en el sector público.
¿Significa esto que veremos en la política más diseñadores y menos abogados y médicos? Difícil de decir; el diseño no puede sustituir a la política, desde luego, pero el diseño como combinación de teoría y práctica y de pensamiento sistémico tiene una oportunidad muy real de cambiar el mundo.
¿Cómo es nuestro mundo? Como sin duda sabéis, hemos entrado en la nueva era del Antropoceno, en la que el ser humano influye en todos los sistemas planetarios, que con ello se vuelven sociales. El ser humano influye en todos los sistemas y al mismo tiempo es influido por ellos mediante un bucle de retroalimentación. Y por eso deberíamos exigir un pensamiento sistémico que cree orden a partir del caos del mundo. Y eso… los diseñadores saben hacerlo.



