El comienzo de la historia de la película parece inocente. Seguimos a una lingüista de talento, Louise Banks, que en las escenas iniciales vive una tragedia familiar: la muerte de su hija. Corte. La película se traslada al presente: la doctora Banks, con expresión cansada, llega a dar clase en un amplio auditorio universitario. Sin embargo, la sala está medio vacía y faltan la mayoría de los estudiantes. Por si fuera poco, a los pocos que están presentes empiezan a sonarles los teléfonos, las tabletas y otros aparatos. Algo está pasando. Una estudiante le pide a la doctora que ponga las noticias en la televisión.
Exactamente doce naves espaciales con forma de huevo se han situado alrededor del planeta. Su aspecto es misterioso: el material recuerda a la piedra labrada, de modo que las naves parecen enormes guijarros levitando. Corte.
La doctora Banks está sentada ante el escritorio de su casa junto al lago cuando recibe la visita de un huésped inesperado de rasgos afilados: el coronel Weber. Desde un dispositivo portátil le reproduce un sonido que recuerda vagamente a un perro sacudiéndose el pelaje mojado. Es una grabación de la comunicación con los recién llegados. No es posible que ella descifre una lengua entera a partir de un solo sonido. Para eso hay que reunirse con los extraterrestres en persona, entrar en interacción con ellos. El coronel no entiende por qué no bastarían las grabaciones y se niega a decir más. Al final, sin embargo, Banks se une a uno de los muchos equipos que en todo el mundo intentan aclarar qué está ocurriendo. La llevan a una de las naves, junto a la cual se ha levantado un puesto militar provisional en el que va a trabajar. La ayudará el segundo protagonista de la película: el físico teórico Ian Donnelly.
A diferencia de la película anterior Contact, en la que los extraterrestres facilitaban la comunicación apareciendo con la forma del padre de la protagonista, Arrival (La llegada) aborda el lenguaje de otra manera: construye la trama sobre el proceso de ir descubriendo problemas lingüísticos. Y son varios. Los heptápodos (como se llama a los extraterrestres en la película por sus tentáculos) utilizan una forma escrita de la lengua que no guarda ninguna relación con su forma hablada. Por esta razón no era posible analizar la lengua solo a partir de las grabaciones de sonido. El componente sonoro desempeña para los heptápodos un papel secundario; lo fundamental es la forma gráfica, completamente distinta de todo lo que la lingüística conoce hasta ahora. Precisamente el aprendizaje de la forma escrita de su lengua se convierte en el tema central de la película.
La forma gráfica de la lengua de los heptápodos recuerda a la caligrafía de los monjes budistas zen. La base de todos los símbolos es un círculo —ensō— que en la tradición zen está ligado a la espiritualidad y al proceso de acercarse a la iluminación.
El autor del relato, Ted Chiang, llama a esta versión escrita Heptapod B y la separa del Heptapod A oral, por analogía con las escrituras micénicas Linear A y Linear B. Los símbolos del Heptapod B no tienen expresión sonora; no están formados por fonemas ni por sílabas, sino que son ideogramas: signos que expresan directamente información y conceptos. Se trata, pues, de una semasiografía, de la que conocemos ejemplos también en el mundo humano: la notación matemática, la notación musical, las señales de tráfico o los iconos visuales de los programas informáticos.
La lengua gráfica Heptapod B es excepcional. Para cada uno de los símbolos, como ya he insinuado, no existe expresión sonora. Mientras que en el alfabeto latino cada letra se corresponde con algún fonema (un sonido de la forma oral de la lengua), en el Heptapod B esta relación no existe, y los símbolos, en lugar de los elementos lingüísticos tradicionales —como precisamente los fonemas, los morfemas o las sílabas—, expresan una información o una idea. Se trata, por tanto, de ideogramas o, de forma más general, tal como los describe el propio autor en el relato, de semasiogramas, es decir, signos que representan directamente información y conceptos. Otros ejemplos reales de semasiografía son la notación matemática, la notación musical, las señales de tráfico o, por ejemplo, los iconos visuales del editor de texto que estoy usando en este momento.
La humanidad conoce los símbolos semasiográficos y confía en ellos a diario, cuando vamos al trabajo o cuando trabajamos, y en eso el Heptapod B tampoco resulta tan interesante. Su excepcionalidad, y en general la singularidad de los heptápodos como raza espacial, consiste en que en un solo símbolo se esconden varios significados a la vez, expresados simultáneamente por ese único símbolo, y en que este símbolo no tiene principio ni fin; no puede leerse como un texto clásico de oraciones enlazadas, en el que cada oración sigue a la anterior de forma sucesiva y todas mantienen entre sí relaciones lógicas. El Heptapod B no contiene esta linealidad, y por eso la doctora Banks, en una escena de la película, puede soltar en su memorable momento de eureka que el Heptapod B es «un sistema de ortografía no lineal». A los personajes que la observan sin comprender, Banks les explica:
LOUISE
He [se refiere a uno de los heptápodos] starts at two opposite points and completes the sentence by joining them into a kind of loop. But to do this means he has to have the whole thing in his head before he begins. Every detail. The spacing has to be right or else you wind up with fragments; a mess. (beat) It’s more impressive than that. He wrote the mirror image of it. It’s reversed, so we can read it.
COLONEL WEBER
So? They’re good at writing?
LOUISE
That’s a result of the way they think.
It’s like they know everything they’re going to say before they say it.
La conversación anterior nos revela un hallazgo fundamental. Los heptápodos están de algún modo liberados de la línea recta del tiempo, lo que les permite desplazar su mente por el tiempo de diversas maneras. El tiempo no es para ellos una carretera de sentido único, sino más bien un vasto metaespacio sin fronteras, que perciben todo a la vez y en cuyas partes elegidas pueden «hacer zoom» a voluntad. La lengua Heptapod B refleja así las propiedades cognitivas únicas de los heptápodos. ¿Hasta qué punto es realista algo así y qué tiene que ver el lenguaje con el pensamiento?
El relato toma su idea principal, que el lenguaje influye en el pensamiento, de una conocida y controvertida teoría lingüística, la llamada hipótesis de Whorf-Sapir (WSH), que fue formulada por el investigador Sapir en 1929 y desarrollada después por su alumno Whorf (Sapir-Whorf Hypothesis, Oxford English Dictionary). El núcleo de la hipótesis dice que la lengua (y sobre todo su gramática) influye en cómo los hablantes nativos de esa lengua estructuran el mundo que los rodea. Las ideas originales de Whorf pueden resumirse así:
- El pensamiento depende a todas luces de la lengua
- La gramática (no el vocabulario) de una lengua define la relación entre el pensamiento y la lengua
Ya en 1928, en su artículo The Status of Linguistics as a Science, Sapir escribe: «Es un hecho que el “mundo real” está construido en gran medida sobre los hábitos lingüísticos del grupo. No hay dos lenguas lo bastante parecidas como para decir de ellas que representan la misma realidad social». Lo anterior puede interpretarse en el sentido de que, aunque la traducción entre lenguas es posible porque las palabras son sustituibles, nunca alcanzaremos un resultado que no pierda en el proceso algo del original. Pues, según esta hipótesis, es precisamente la gramática la que influye mucho más profundamente en el pensamiento. Pero para Whorf y para Sapir la gramática es por completo un producto del desarrollo cultural de un grupo humano determinado, y en esto sus opiniones difieren de teorías lingüísticas más recientes, como aquella en la que trabajó, por ejemplo, Noam Chomsky, cuyo concepto de gramática universal sostiene, por el contrario, que la gramática es compartida entre culturas, y además en el nivel más bajo, el biológico, del cerebro. Para Chomsky y sus seguidores, en el lenguaje se trata ante todo de la gramática (la sintaxis), que en una forma muy abstracta es un sencillo mecanismo computacional que se desarrolló en el cerebro mediante el proceso de la evolución darwiniana. Aunque la WSH se interpreta de distintas maneras, por influencia de Whorf adquirió una forma de la que pueden deducirse sus elementos básicos. Whorf, inspirado por la psicología de la Gestalt de Jung, distingue dos tipos de pensamiento:
- aislados de experiencia
- aislados de significado
Los aislados de experiencia son un proceso de segmentación de la realidad, no un proceso de pensamiento; se trata de un proceso no lingüístico que es común a todas las personas y es independiente de la lengua (Lee, 1996, pp. 96–122; Whorf, 1939, pp. 163–64). Dicho de otro modo, si sobre una mesa hay un martillo, según Whorf no se da el caso de que la gramática de una lengua influya en el pensamiento de dos hablantes distintos de tal manera que no vean ante sí la misma mesa con el mismo martillo encima. Por otro lado, los aislados de significado «son conceptos en la mente del hablante (pensamientos)» que captan los aislados de experiencia (y, por tanto, el mundo físico externo) de una manera determinada, culturalmente específica, para que el hablante asigne algunos significados a los aislados de experiencia.
Aunque Ted Chiang dice en una entrevista que antes de escribir su relato estuvo un par de años inmerso en la literatura especializada en lingüística, no se le puede negar en absoluto al autor la libertad artística con la que incorporó la WSH a su historia. La idea de que el relativismo lingüístico tuviera tanto poder como para influir directamente en el mundo físico no la encontraremos, por supuesto, en la obra de Whorf ni en la de Sapir. Es más, Whorf, como hemos visto más arriba, dice que la gramática no influye en el mundo físico externo (los aislados de experiencia).
Que Chiang no se mantuviera fiel a la teoría lingüística no me preocupa tanto. He pensado mucho más en la manera en que el relato explica el viaje en el tiempo del que están dotados los heptápodos. Si no me equivoco y no se me ha escapado algo, toda la trama —tanto del relato como de la película— se explica y se sostiene sobre la breve cita del guion reproducida más arriba: la doctora Louise Banks afirma ahí, y ahora parafraseo, que escribir los símbolos es muy complicado y que, antes incluso de empezar a escribir, el hablante tiene que saber de antemano cada detalle de lo que exactamente quiere decir (dibujar). Sinceramente, esperaba una explicación algo más sofisticada.
Está claro que a un ser humano algo así le resulta muy difícil. Incluso a una lingüista tan excelente como la doctora Banks le llevará varios años dominar con fluidez el Heptapod B. Aun así, no tengo ni idea de por qué la velocidad con la que los heptápodos dibujan sus símbolos debería convencer al lector o al espectador de que semejante lengua no solo influye en la percepción del mundo físico, sino que vulnera las leyes físicas que conocemos. No está descartado que la humanidad pueda descubrir tales leyes en el futuro. Pero ese no es el argumento que se utiliza en la película, donde de verdad se trata única y exclusivamente de lo complicada y distinta que es la lengua Heptapod B.
Admitiría con mucho más gusto que el Heptapod B es un juego de niños para sus hablantes nativos extraterrestres sencillamente porque sus capacidades cognitivas y una especie de cociente intelectual superan de forma fundamental incluso a los más talentosos de la raza humana. Al fin y al cabo, recordemos que de John von Neumann, que poseía una de las mentes más rápidas de todos los tiempos, también se decía que era «de otro mundo», que «pertenecía a una nueva especie humana».
Pero ¿de verdad me decepcionaron tanto el relato y la película porque no soy capaz de tragarme la especulación sobre aspectos de las teorías científicas descrita más arriba? En absoluto. Que este mismo texto sirva de prueba. Nada más terminar la película y reponerme de la excelente experiencia audiovisual (en cuanto a la banda sonora, es cierto que ni siquiera Arrival se libró de ese efecto sonoro, ya bastante kitsch, que pretende dramatizar ciertas escenas y que aparece casi en uno de cada dos tráileres de las nuevas películas, sobre todo de acción), decidí que quería responder a la película por escrito, para poder sentarme con calma y pensar a fondo en la mecánica de la historia. Porque es una de las más inspiradoras y originales que he visto últimamente. Arrival se lo debe, por supuesto, al relato original, cuyo autor ha pasado así del underground de la ciencia ficción al mainstream cinematográfico. Y eso está bien.
P. D.: Una advertencia de spoiler más: aquella escena inicial, en realidad, no es del todo inicial.
Fuentes
Lee, P. (1996). The Whorf Theory Complex: A Critical Reconstruction. Philadelphia: John Benjamins B.V.
Whorf, B. L., (1939). Gestalt Technique of Stem Composition in Shawnee.
Whorf, B. L., (1940). Linguistics as an Exact Science.
