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La investigación sobre la inteligencia y la genialidad menciona a menudo a Albert Einstein y su estilo de pensamiento. Einstein dejó dicho que su proceso creativo de pensamiento, responsable de la teoría de la relatividad, fue completamente no verbal y que llegó a su teoría manipulando imágenes mentales. La biografía del físico teórico más conocido del siglo XX nos dice que Einstein tenía problemas con las habilidades lingüísticas. Sin embargo, logró superar este déficit gracias al pensamiento visual y sensorial (Einstein dijo también que sus pensamientos tenían cierto sabor, lo que sugiere que estaba dotado de sinestesia).

Mi experiencia es que el pensamiento visual ralentiza el habla. Mi pensamiento se basa en un espacio de dos y tres dimensiones en el que dispongo elementos abstractos en relaciones con sentido, que solo ex post puedo describir con palabras.

Me llevó varios años acelerar este proceso hasta el punto de poder mantener una conversación en tiempo real. Aun así, me sigue pasando que, cuando alguien me pregunta algo, resuelvo la respuesta visualmente en la cabeza y luego contesto, de forma bastante inadecuada, con una sola palabra. Sobre todo cuando estoy cansado, me quedo en esa única palabra, pues soy demasiado perezoso para describir todo el proceso de pensamiento que hace tiempo elaboré en la cabeza.

Me sorprendió bastante enterarme, hace unos años, de que no todo el mundo piensa de esta manera visual. Mucha gente me ha confiado que su pensamiento no existe en algún lugar de antemano, antes de empezar a hablar (o a escribir), sino que su pensamiento equivale a lo que dicen.

No niego que esto tenga muchas ventajas. Las personas que no son capaces de formar imágenes visuales parecen listas, porque saben hablar y reaccionar con rapidez. Es más, son capaces de hablar durante decenas de minutos sobre un problema dado.

A las personas muy verbales las reconoces fácilmente. Cuando les preguntas algo, enseguida empiezan a hablar sin pararse a pensar un momento. Y eso es porque su pensamiento está contenido precisamente en el habla; no saben pensar de otro modo fuera de las palabras.

Yo, en cambio, me detengo unos segundos antes de responder. Me construyo un modelo visual de aquello de lo que trata la pregunta y de qué posible solución tiene. La respuesta se me aparece luego en la cabeza como una especie de figura, que intento traducir al lenguaje natural. No es una forma eficaz de pensar si tienes que reaccionar lo más rápido posible; por otro lado, es un antídoto contra los clichés y las respuestas estereotipadas que todos, también yo, usamos cuando hablamos y discutimos con los demás. Creemos que son nuestros pensamientos, sin embargo en gran medida solo repetimos como loros lo que hemos oído en otra parte. Y eso está bien; no podemos ser originales todo el tiempo. El problema llega cuando sustituimos por completo los pensamientos originales, es decir, el pensar, por una mera reacción pasiva a lo que se ha dicho, por una frase hecha o un eslogan.

¿Cómo sería una cultura formada por personas capaces de pensar única y exclusivamente de forma verbal? Y al contrario, ¿qué forma tomaría una cultura en la que la gente piensa sobre todo visualmente? En la primera probablemente se leería, se escribiría y se hablaría mucho, pero sería muy torpe en lo que respecta a construir rascacielos, puentes o a la física experimental. La segunda estaría en la situación opuesta. Estaría muy orientada a la ingeniería y al arte, su arte destacaría en la pintura figurativa, quizá en la caligrafía y la tipografía, pero su producción literaria no sería su punto fuerte.

Es cierto que no existen en una forma tan extrema, pero en el mundo real hay, en mi opinión, países y culturas que, a partir de su historia, cultivaron sobre todo una u otra habilidad, que luego se manifestó en el «modo cognitivo» de las personas y, a continuación, en las formas de producción cultural de estas naciones. Y eso sencillamente porque la cultura es el resultado de la actividad cognitiva e intencionada de los individuos. Una nación llena de negados para la música no será conocida como la meca de la música. Y del mismo modo, una nación que durante tres mil años no hace otra cosa que leer y escribir sus libros sagrados tendrá predisposición al talento para la erudición libresca, sobre todo si en esa cultura la afición a los libros era de algún modo apreciada por la sociedad, por ejemplo porque el mayor ratón de biblioteca del pueblo podía casarse con la hija de una familia rica. Y viceversa.

…

Me sigue fascinando que existan personas sin la capacidad de imaginarse imágenes en la cabeza. No es ilógico pensar que estas personas destacarán, como compensación de su déficit visual, en todo lo que tenga que ver con el lenguaje: hablarán y escribirán bien. Solo que quizá no serán buenos escritores de ficción o de poesía, porque estos géneros, en la mayoría de los casos logrados, funcionan suscitando en nosotros imágenes mentales. O bien esas personas pueden ser escritores, e incluso pintores, pero me atrevo a decir que su ficción y sus cuadros mostrarán algo raro, cierta planitud, una ausencia de plasticidad.

Sería fascinante investigar estas preguntas a nivel científico. Quizá llegue a hacerlo. Por ahora tengo que conformarme con que hoy he recibido en mi correo de la universidad un mensaje según el cual el resumen de mi ponencia sobre la Mente Extendida y el teórico Marshall McLuhan ha sido aceptado, y podré hablar de ello en el congreso de doctorandos de filosofía en Olomouc.

Así que espero no distraerme demasiado con mis imágenes en la cabeza y ser capaz de hablar con fluidez y, si es posible, ¡también de forma amena!