A finales de 2020, el 19 de noviembre, el Departamento de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Bohemia Occidental en Pilsen acogió la primera conferencia estudiantil dedicada al tema de la posfenomenología. Que yo sepa, fue la primera conferencia en el ámbito checo centrada en reflexionar sobre las ideas que han surgido en las últimas décadas en este análisis de las tecnologías de inspiración fenomenológica, todavía poco conocido entre nosotros. De la organización y de la definición temática de la conferencia me encargué yo junto con mis colegas del departamento de filosofía de Pilsen, y para ella recibí apoyo económico de la Universidad de Bohemia Occidental, a la que estoy agradecido por todo su apoyo económico y administrativo.

La idea de la conferencia era sencilla. La publicación de un libro decisivo titulado Technics and Praxis: A Philosophy of Technology, escrito por el filósofo estadounidense Don Ihde, puede fecharse aproximadamente en 1979. En suelo estadounidense fue la primera publicación en inglés dedicada a la filosofía de la técnica. Entre otros méritos pioneros, a Ihde puede atribuírsele también el haber fundado un nuevo análisis de las tecnologías, influido por la fenomenología, al que llamó posfenomenología. ¿En qué se diferencia la posfenomenología de la filosofía de la técnica existente y qué papel desempeña en ella la fenomenología clásica de Edmund Husserl, Martin Heidegger, Maurice Merleau-Ponty y otros? Responder a estas y otras preguntas fue precisamente el propósito de nuestra conferencia estudiantil, con todas las ventajas y limitaciones que, como es natural, traen consigo las conferencias estudiantiles.

Desde el principio, sin embargo, declaramos a los participantes que entendemos la posfenomenología como un análisis filosófico de las tecnologías cuyo interés principal no es el artefacto técnico como tal, sino los efectos mediadores de las tecnologías sobre nuestra mente (la intencionalidad), sobre nuestra relación con el mundo, con los demás y con nosotros mismos. La posfenomenología proclama además que, a diferencia de la «filosofía de sillón», se propone teorizar a partir de conocimientos empíricos sobre artefactos técnicos reales. Por eso en la literatura se habla a menudo de la posfenomenología no solo como «philosophy of technology», sino también como «philosophy from technology». Una fenomenología empírica de la técnica suena bien, al menos en los artículos de sus defensores. Pero si miramos la posfenomenología con ojo crítico, idealmente con conocimientos de fenomenología clásica, de filosofía de la mente o de teoría de los medios contemporánea, ¿qué tal sale parada?

Como organizador quise comprobarlo, y por eso invité como ponentes principales a tres filósofos que, en mi opinión, son figuras destacadas de la filosofía checa en sus respectivas disciplinas. En cuestiones de filosofía de la mente aceptó la invitación el Dr. Michal Polák, del Departamento de Filosofía de la Universidad de Bohemia Occidental; la mirada crítica de la fenomenología clásica nos la presentó el Dr. Martin Ritter, y la perspectiva de la teoría de los medios, el Dr. Martin Charvát.

Como se trataba de una conferencia estudiantil, a las ponencias principales siguieron las presentaciones de las comunicaciones de los estudiantes. Además de mi comunicación, La posfenomenología de Don Ihde como crítica de la «metafísica» de la técnica y de la materialidad en Martin Heidegger, pudimos ver y escuchar a los siguientes estudiantes y sus ponencias:

  • Mgr. Jakub Fiala – Perdido en la traducción: cuando la automedición nos pone delante un espejo deformante
  • Bc. Karolína Hrichová y Bc. Veronika Hanáková – Cuando llega la muerte
  • Mgr. Radovan Bartošek – Tecnología y libertad en tiempos de medidas antiepidémicas generalizadas
  • PhDr. Pavel Farkas – Diseño y experiencia de usuario (UX) de la ciudad

En esta entrada me centraré en mi resumen y comentario de la primera ponencia principal. Cuento con ir escribiendo aquí, en un futuro próximo, los resúmenes de todas las demás. Debo señalar que se trata de mi resumen y de mi interpretación, lo cual no significa que los propios ponentes tengan que estar necesariamente de acuerdo con lo que escriba aquí. Despachadas las formalidades, veamos las distintas ponencias.

 

Mgr. Michal Polák, Ph.D. – Posfenomenología, 4E y neurocentrismo

Os ruego que no sigáis compartiendo el vídeo. Solo tengo derecho a compartirlo en lugares relacionados con la conferencia.

Mi colega del departamento de filosofía de Pilsen, el Dr. Michal Polák, figura entre los principales filósofos de la mente de la República Checa. En colaboración con el Dr. Tomáš Marvan ha publicado varios artículos importantes sobre los correlatos neuronales de la mente en destacadas revistas académicas internacionales. Y aunque la formación intelectual del Dr. Polák se sitúa en la filosofía de la mente naturalista y analítica, me pareció más que útil escuchar un comentario sobre la (pos)fenomenología de la técnica por parte de una voz que pertenece al otro lado de la imaginaria división entre filosofía analítica y continental, por muchas reservas que yo tenga frente a esta dicotomía.

Introducción

El tema central de la ponencia del Dr. Polák fue comprender la posfenomenología como un enfoque que de algún modo se distancia de la posición clásica y, hay que decirlo, dominante en la filosofía analítica de la mente, en la que la mente se interpreta como un dispositivo computacional que, de forma algorítmica o estadística, realiza operaciones sobre representaciones mentales, las cuales sirven como unidades simbólicas y como los «datos» de esas operaciones computacionales. Si la posfenomenología afirma que los artefactos técnicos son objetos tan fundamentales que constituyen nuestras estructuras mentales y nuestra intencionalidad, para el Dr. Polák esto significa que, lógicamente, allí donde hay intencionalidad tiene que haber también alguna representación mental. Por eso la filosofía analítica de la mente tiene algo que decir sobre la posfenomenología, pues la posfenomenología parte de la fenomenología, cuyo punto central era precisamente el concepto de intencionalidad, es decir, la propiedad de nuestra mente de dirigirse siempre a algún objeto. Por último, aunque no menos importante, el Dr. Polák se pregunta también: ¿en qué se diferencia exactamente la posfenomenología de la filosofía de la inteligencia artificial o de la técnica, o de la sociología (de las tecnologías)?

Definición de la posfenomenología

El Dr. Polák comenzó su ponencia citando a destacados representantes de la posfenomenología y su definición de lo que pretende la disciplina. Así, por ejemplo, según (Rosenberg y Verbeek, 2015), la posfenomenología se centra «en las diversas maneras en que las tecnologías contribuyen a dar forma a la relación entre los seres humanos y el mundo. [Los posfenomenólogos] no abordan las tecnologías como meros objetos funcionales o instrumentales, sino como mediadores [mediators] de las experiencias y actividades humanas». Supimos además que la posfenomenología «combina el análisis filosófico con la investigación empírica. En lugar de aplicar teorías filosóficas al estudio de las tecnologías, el enfoque posfenomenológico intenta tomar las tecnologías existentes y el desarrollo tecnológico como punto de partida del análisis filosófico. [La posfenomenología], en tanto que filosofía de la técnica [of technology], es en este sentido también una filosofía desde la técnica [from technology].»

¿Por qué la pos-fenomenología es «pos»?

Cuando hablamos de cualquier cosa que lleve el prefijo «pos», deberíamos saber frente a qué se define, qué es exactamente lo que supera. Una respuesta completa requeriría un análisis detallado de qué es, en primer lugar, la fenomenología, qué es la posfenomenología y, por último, una comparación de ambas. Durante la presentación no hubo tiempo para ello, pero supimos que la posfenomenología, a diferencia de la fenomenología clásica, se orienta hacia la mediación. ¿De qué? De las vivencias y de la relación con el mundo y con los demás. En el fundador de la posfenomenología, Don Ihde, vemos explícitamente el carácter «triádico» de la relación ser humano-tecnología-mundo, por ejemplo en el que probablemente sea el libro más importante de la posfenomenología, Technology and the Lifeworld: From Garden to Earth (1990). Peter-Paul Verbeek, probablemente el segundo posfenomenólogo contemporáneo más influyente después de Ihde, sostiene que un elemento importante del análisis posfenomenológico de las tecnologías es el hecho de que la posfenomenología rechaza un sujeto y un objeto fijos, y sostiene en cambio que sujeto y objeto se forman activamente y se constituyen en el curso de la mediación (Verbeek, 2005). Debería ocurrírsenos preguntar: ¿qué significan exactamente esta constitución y esta formación activa?

El Dr. Polák ofrece una respuesta parcial por medio de otra cita. Por un lado, Ihde (2003) parece estar de acuerdo con el fundador de la fenomenología clásica, Edmund Husserl, en que conviene relativizar la relación entre objeto y sujeto, en el sentido de que para Husserl (y para la fenomenología husserliana) no existe ningún sujeto interior ni ningún objeto exterior, sino que lo único que encontramos es una conexión inter-relacional entre el ser humano que vive la experiencia y el mundo del entorno vivido. Además, «para Husserl toda subjetividad es intersubjetividad», como escribe Ihde a continuación. Lo cual plantea un problema, porque en Husserl falta lugar para cualquier «tercero intermedio» que pudiera mediar esta relación inter-relacional entre quien vive la experiencia y lo vivido. Como es natural, para los posfenomenólogos ese «tercero intermedio» es el medio de la tecnología. Don Ihde insiste en que hace falta elegir un vocabulario nuevo que permita hablar de la subjetividad no como de una «caja cerrada», sino como de algo enteramente abierto a la formación activa por parte de las tecnologías y, más en general, de los artefactos humanos.

Intencionalidad

En la ponencia del Dr. Polák la intencionalidad desempeñó un papel importante. La definición estándar de la intencionalidad es que se trata de la propiedad de la mente humana de relacionarse siempre con algún objeto, de representarlo o de referirse a él. En la literatura en inglés leemos que esta propiedad de «tratar de algo» se llama «Aboutness». Todos los actos mentales tienen, pues, la propiedad de «tratar de algo». Ya pensemos en nuestros seres queridos, sintamos dolor en la rodilla o reflexionemos sobre cosas abstractas como las matemáticas, nuestro pensamiento siempre tiene algún contenido propio sobre el que pensamos o que percibimos. Para el Dr. Polák, en tanto que filósofo analítico de la mente, la intencionalidad trata además inherentemente de representaciones mentales (tiene carácter representacional), y señala asimismo que entre la posfenomenología y la intencionalidad existe una dependencia conceptual. Aquí me permito señalar que habría agradecido un análisis algo más detallado de qué dependencia conceptual se trata.

Ciertamente, la posfenomenología (en adelante, PF) afirma que los medios y las tecnologías coconstituyen la subjetividad humana y, con ella, los estados mentales. Si los estados mentales son inherentemente intencionales, entonces los medios y las tecnologías deben tener alguna influencia en la constitución de la propia intencionalidad. Pero ¿es una influencia solo sobre el contenido? Por influencia sobre el contenido de los estados mentales entiendo sencillamente que los medios y las tecnologías pueden generar contenidos de estados mentales que de otro modo no serían posibles. Probablemente se trata de una afirmación nada controvertida. Hace cien años nadie tenía ni podía tener un estado mental cuyo objeto intencional fuera un iPhone de Apple. Si esto fuera lo que afirma la PF, todo estaría resuelto y en diez minutos podríamos irnos a casa. Lo que la PF debe afirmar para resultar interesante (al menos para mí) es, sin embargo, otra cosa. La PF tiene que afirmar que la propia forma o estructura de los estados mentales se debe a la mediación tecnológica. Si así fuera, significaría que los estados mentales, y con ellos la mente, tienen que extenderse también fuera del cerebro. Una afirmación algo menos radical podría ser que los medios y las tecnologías aprovechan estructuras del cerebro o de la mente que están latentes pero sin usar, o que se usan para fines completamente distintos. Me viene a la mente aquí el ejemplo del reciclaje neuronal, en el que observamos que una persona que se alfabetiza y aprende a leer y a escribir (aquí entiendo la alfabetización como una tecnología, a la manera de McLuhan o de los filósofos pragmatistas estadounidenses) utiliza partes del cerebro que en las personas analfabetas (todavía existen personas así en el mundo, de modo que podemos estudiar la influencia de la alfabetización y el analfabetismo) se emplean para reconocer rostros. ¿Se trataría de una causalidad que actúa sobre el contenido o sobre la forma de los estados mentales? ¿O sobre ambos?

Cognición 4E (Embodied, Embedded, Extended, Enactive)

Aproximadamente desde la publicación de The Embodied Mind Cognitive Science and Human Experience (1991), de Varela, Rosch y Thompson, de Cognition in the Wild (1995), del antropólogo cognitivo Edwin Hutchins, y de uno de los artículos más conocidos de la cognición 4E, The Extended Mind (1998), de Andy Clark y David Chalmers, en el ámbito académico empezó a tomarse más en serio el argumento de que la cognición y la mente humanas rebasan los límites del cerebro humano y se extienden por el cuerpo e incluso por el entorno circundante. Desde la publicación de estos textos han cambiado muchas cosas en el mundo, y gracias a la conexión cotidiana a internet y a la dependencia de los teléfonos inteligentes hoy podemos imaginar mejor la idea de que los objetos externos pueden ser una parte constitutiva de nuestra mente. En los años en que aparecieron dichas publicaciones, sin embargo, resultaron muy controvertidas, pero por eso mismo tanto más revolucionarias. Hoy, a hombros de estas ideas (y de muchas otras, como la cibernética o la modelización dinámica autopoiética, pero también la ciencia ficción y los primeros textos sobre el ser humano como cíborg de los años sesenta), ha nacido una corriente académica de filósofos, científicos cognitivos, neurocientíficos, ingenieros y diseñadores con inquietudes filosóficas, que colaboran de forma estrecha o más laxa y que exploran en serio la idea de que nuestra mente y nuestra cognición son corporizadas, inmersas en el entorno, extendidas y enactivas.

El Dr. Polák se muestra crítico con la cognición 4E. No porque la investigación no haya dado resultados interesantes, sino porque, como defensor del neurocentrismo, el Dr. Polák no encuentra en el discurso 4E argumentos sólidos que lo convenzan de que el cerebro y el sistema nervioso no son el lugar más adecuado para estudiar los fenómenos psicológicos. Por neurocentrismo se entiende: «[…] the propensity of scholars to embrace the brain and remainder of the central nervous system (CNS) as inherently the most appropriate level of analysis for conceptualizing and treating psychological phenomena, including mental disorders» (Satel & Lilienfeld, 2013). Uno de los argumentos importantes a favor del neurocentrismo y del marco representacional de la mente es, para el Dr. Polák, que este paradigma ofrece notables beneficios explicativos. Desde mi punto de vista puede que sea cierto, pero la visión newtoniana del universo también tenía un gran poder explicativo, aunque resultó ser solo un subconjunto de las maneras de modelar los procesos naturales y la estructura del universo. ¿No es posible que la cognición 4E pudiera ser la relatividad einsteiniana de las ciencias cognitivas?

Según el Dr. Polák, la tesis principal de la cognición 4E es la siguiente: «el cerebro es una condición necesaria, pero no suficiente, de la cognición/los estados conscientes», y por eso «no existe ningún sustrato neuronal mínimo suficiente para producir la experiencia visual» (citado de Noë y Thompson, 2004, 17). Al igual que la visión newtoniana del universo, la investigación de las representaciones neuronales no nos da por sí sola la respuesta a cómo la activación de los mapas corticales produce un percepto visual consciente. Y por eso, como comenta el Dr. Polák sobre la cognición 4E, necesitamos comprender la actividad del cuerpo humano y del entorno del sujeto que percibe. En la presentación no hubo espacio suficiente para definir y explicar los puntos de partida de cada una de las «E» de la cognición 4E, pero a continuación ofrezco un resumen muy breve de lo que expuso el Dr. Polák.

Cognición corporizada

La corporización de la cognición consiste en que la mente depende constitutivamente de los procesos sensoriomotores del cuerpo, y al mismo tiempo la cognición corporizada afirma con ello que muchos procesos cognitivos (si no todos) pueden prescindir de las representaciones mentales. Una definición estricta, «dura» (hard), de la cognición corporizada diría que sin cuerpo el ser humano no puede pensar. Una definición algo más «blanda» (soft) diría que algunos procesos cognitivos no triviales dependen constitutivamente del cuerpo humano.

Cognición situada (inmersa, embedded)

La cognición inmersa/situada llama la atención sobre la importancia de los aspectos contextuales del entorno y de su influencia constitutiva en los procesos cognitivos. Como menciona también el Dr. Polák, en el contexto de esta «E» hablamos de la imbricación estructural y del acoplamiento dinámico (coupling) del cerebro, el cuerpo y el entorno circundante. (Pouw, 2014) escribe que «[…] la actividad cognitiva no es algo que simplemente ocurra en el interior, sino que implica una transacción continua entre los estados actuales del cerebro, el cuerpo y el entorno». Como uno de los contraargumentos al papel del entorno en los estados mentales, el Dr. Polák menciona la estimulación directa del cerebro, que puede provocar perceptos incluso sin percibir el entorno. La cuestión aquí es hasta qué punto quieren ser deterministas los defensores de la cognición situada/inmersa. Si afirman que solo el entorno puede provocar un determinado percepto, tenemos un problema; si afirmaran que tanto la estimulación directa como el entorno exterior pueden provocar un determinado percepto, quizá cabría admitir la existencia paralela del cerebro y del entorno. Por último, aunque no menos importante, me interesaría saber si mediante la estimulación directa podemos provocar un percepto que la persona en cuestión nunca haya percibido antes. ¿Y si la estimulación directa del cerebro funciona para provocar un determinado percepto solo porque el cerebro de esa persona ya había estado expuesto con anterioridad a influencias culturales y sociales?

Cognición extendida

Mi «E» favorita de la cognición 4E, y también la más controvertida. La cognición extendida afirma que el entorno, pero también el uso de artefactos técnicos como el teléfono inteligente, no es solo metafóricamente parte de nuestra mente, o, mejor dicho, no tiene solo una influencia causal en los procesos mentales internos del cerebro. La hipótesis de la mente extendida afirma algo más dramático: el iPhone es literalmente parte de nuestra mente, y los procesos mentales se extienden (son extendidos) a los objetos externos que nos rodean. Uno de los principales defensores de la mente extendida es Andy Clark. En la literatura se discute no solo la tesis básica de si tiene sentido analizar los procesos mentales fuera del cerebro, sino también las propias definiciones de Clark de los tipos de externismo. Por ejemplo, ya en el primer artículo, The Extended Mind (1998), Clark sostiene junto con Chalmers que, si unos procesos externos funcionan de tal modo que, en caso de desarrollarse internamente en el cerebro, no tendríamos problema en calificarlos de cognitivos, entonces, a menos que tengamos mejores argumentos, deberíamos entender a priori esos procesos como cognitivos. Así suena, más o menos, la enrevesada definición de Clark de su conocido principio de paridad, que parte de una concepción funcionalista de la mente.

Conclusión

A lo largo de toda la ponencia se pudo ver y oír que el Dr. Polák considera útil cualquier forma de externismo de la mente, o cualquier intento de integrar los artefactos técnicos en la explicación del funcionamiento de la mente, pero que, a partir de los argumentos existentes, no ve motivo para renunciar al neurocentrismo ni al paradigma representacional de la mente. Para mí, es una valoración justa por parte de un filósofo analítico de la mente. Y estoy de acuerdo con él en que, incluso dentro del paradigma 4E, desde el principio se han alzado voces según las cuales la investigación 4E puede integrarse en el paradigma existente del neurocentrismo. Como es natural, los fenomenólogos de formación clásica tienen muchas reservas frente al neurocentrismo y consideran que centrarse en el cerebro es, si no directamente erróneo, sí un nivel de análisis inadecuado de la percepción humana y de los procesos cognitivos. También por eso fue útil que aceptara nuestra invitación a la conferencia el Mgr. Martin Ritter, Ph.D., uno de los principales fenomenólogos (clásicos) checos y uno de los pocos filósofos académicos que se toman en serio los medios y las tecnologías en su pensamiento.