Una botella de PET de lo más corriente puede ser un recipiente para líquidos y un símbolo del despilfarro de plástico, pero también, alternativamente, una maceta y un símbolo de la jardinería sostenible. Algo totalmente opuesto. ¿Cómo es posible? La función y el significado de las cosas no los determina el ingeniero, ni siquiera, en realidad, el diseñador, sino que en gran medida los determina el uso «ahí fuera», en el mundo de las personas, el life-world, el Lebenswelt. Ahora imaginad de qué maneras «alternativas» usan los usuarios los sistemas informáticos y las webs. Hay que cartografiarlo, hay que conocer a las personas, cómo trabajan, cómo piensan, cómo son sus vidas. Solo entonces es posible crear un producto que tenga funciones y sentido para sus vidas. Y así es como, idealmente, deberían crearse los productos. ¿Cómo hacerlo? Conocer a las personas, conocer su entorno. Dicho de otro modo, hacer diseño UX.