El pensamiento (occidental) se ha echado a perder por el pensamiento de la superficie/figura. No vemos la diferencia entre la punta del iceberg y las profundidades de los océanos, porque descartamos la profundidad de entrada. ¿Por qué? Creemos que la interfaz es la profundidad misma, sin darnos cuenta de que la interfaz es un juego entre la superficie y la profundidad. Tened en cuenta que la interfaz transforma, traduce, reduce y es, por necesidad, una compresión con pérdida.
El ejemplo claro es el propio McLuhan, que ha quedado reducido a un personaje de la cultura pop con frases pegadizas. Era un filósofo de la profundidad de la misma talla que Heidegger, y sin embargo nos llevó un tiempo cavar más hondo para darnos cuenta.
Leed a Graham Harman y a Yoni van den Eede.