Muchos se enorgullecen de su capacidad para estimar bien la probabilidad de tal o cual situación, o se consideran personas lógicas y analíticamente precisas. Sin embargo, en las universidades importantes que todavía ofrecen enseñanza de filosofía vemos asignaturas como lógica, estadística e incluso el «curso de pensamiento crítico», bastante popular en el extranjero. Esto puede indicarnos que, mientras que el lenguaje lo dominamos a una edad temprana, el pensamiento lógico, es decir, racional, requiere un estudio sistemático y exigente. Sabemos que a la mente humana no la aqueja solo la irracionalidad; con frecuencia el problema puede ser que es mejor que una mente racional[ref]COSMIDES, Leda y John TOOBY. Better than rational: Evolutionary psychology and the invisible hand. American Economic Review. 84. 1994, : 327-332. Disponible también en: http://www.cep.ucsb.edu/papers/aer94.pdf, p. 329[/ref]. Ambas situaciones se producen cuando nuestro cerebro no sabe qué hacer. Entonces se ve obligado a recurrir a atajos mentales, estrategias que llamamos sesgos cognitivos[ref]En el artículo utilizo la palabra inglesa adaptada al checo; puede traducirse, p. ej., como «ilusión» o «distorsión»[/ref].

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Muchos se consideran personas racionales. Pero los errores en el software mental del cerebro aparecen en cada uno de nosotros. (http://static01.nyt.com/images/2011/10/23/magazine/23kahneman_span/mag-23Kahneman-t_CA0-jumbo.jpg)

Por sesgos cognitivos entendemos los tipos conocidos de atajos mentales que utilizamos cuando nos vemos obligados a decidir sobre la base de datos insuficientes o no válidos[ref]TVERSKY, Amos y Daniel KAHNEMAN. Judgment under Uncertainty: Heuristics and Biases. Science: New Series. No. 4157. Sep.27,1974, (185): 1124-1131., p.1124[/ref]. Recurrimos entonces a métodos heurísticos, que no garantizan el mejor resultado posible, sino sencillez y adecuación al problema en cuestión. Estos patrones de conducta probados son útiles solo en un contexto determinado; en los demás casos pueden conducir a errores sistemáticos — los sesgos cognitivos[ref]GIGERENZER, Gerd. How to Make Cognitive Illusions Disappear: Beyond “Heuristics and Biases”. En: European Review of Social Psychology. 1991, 2(1), pp. 83-115. DOI: 10.1080/14792779143000033. ISSN 1046-3283. Disponible también en: http://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/14792779143000033[/ref]. Estas definiciones, tomadas de Tversky & Kahneman, indican que «el razonamiento humano es irracional, cargado de influencias personales, sociales o culturales»[ref]BERENDSEN, Alina, Simon Jonas HADLICH y Joost VAN AMERSFOORT. Looking at “Linda”: Is the Conjunction Fallacy Really a Fallacy? [en línea]. [consulta: 2015-10-18]. Disponible en: http://bacon.umcs.lublin.pl/~lukasik/wp-content/uploads/2010/12/Looking-at-Linda.pdf[/ref].

Que seamos propensos a actuar así apuntaría a errores evidentes en el desarrollo de nuestra cognición. Desde la perspectiva de la psicología evolucionista, sin embargo, este comportamiento puede verse no como «errores de diseño», sino como rasgos característicos y útiles de ella. Algunos académicos de esta subdisciplina de la psicología sostienen, en efecto, que los sesgos cognitivos son el resultado de tres influencias evolutivas[ref]HASELTON, D., M. G. NETTLE y P.W. ANDREWS. The evolution of cognitive bias. En: BUSS, D. M. (ed.). Handbook of evolutionary psychology. Hoboken: Wiley, 2005, pp. 724-746. Disponible también en: http://www.sscnet.ucla.edu/comm/haselton/papers/downloads/handbookevpsych.pdf, p. 3[/ref]:

  1. atajos mentales útiles que funcionan en la mayoría de las situaciones (heurística)
  2. distorsiones que surgen cuando tenemos que reaccionar ante un acontecimiento para el que la mente no fue diseñada (artefacto)
  3. patrones de conducta que evolucionaron como adaptación a un problema en el que actuar de forma errónea tiene consecuencias menores para la aptitud del individuo que actuar de forma lógicamente correcta (teoría de la gestión del error, error management theory)

La teoría de la gestión del error supone que muchas decisiones aparentemente erróneas del juicio humano reflejan el funcionamiento de mecanismos que hacen que cometamos muchos más errores, y con más frecuencia, relativamente «inocentes», en lugar de un único error fatal[ref]Ibíd.[/ref].

Sobre la base de la teoría EM distinguimos los sesgos según tres categorías: sesgos relativos al juicio ante una amenaza, valoración de las relaciones interpersonales y valoración de uno mismo[ref]Ibíd., p. 10[/ref].

Un ejemplo de sesgo de la última categoría EM es el exceso de confianza en uno mismo, el llamado overconfidence bias.

El overconfidence bias es, en general, un error de juicio en el que el individuo no es capaz de evaluar debidamente los límites de sus conocimientos[ref]SIMON, Mark, Susan M. HOUGHTON y Karl AQUINO. Cognitive biases, risk perception, and venture formation. Journal of Business Venturing. 2000, 15(2): 113-134. DOI: 10.1016/S0883-9026(98)00003-2. ISSN 08839026. Disponible también en: http://linkinghub.elsevier.com/retrieve/pii/S0883902698000032[/ref].

Esta definición, sin embargo, no es exhaustiva; en la literatura encontramos otras más detalladas que distinguen además tres tipos diferentes de conducta dentro del exceso de confianza[ref]MOORE, Don A. y Paul J. HEALY. The Trouble with Overconfidence [en línea]. [consulta: 2015-10-18]. Disponible en: http://repository.cmu.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1340[/ref]:

  • Sobrestimación de uno mismo (overestimation)
  • Sobrevaloración frente a los demás (overplacement)
  • Exceso de certeza en el juicio (overprecision)

La sobrestimación se describe como una confianza excesiva en las propias capacidades, el propio rendimiento, el grado de control o las posibilidades de alcanzar el éxito. La sobrevaloración frente a los demás, segundo subtipo del overconfidence bias, se da cuando las personas se consideran mejores que los demás. El exceso de certeza en el juicio se entiende, por su parte, como una certeza demasiado grande en la corrección de las propias convicciones[ref]Ibíd.[/ref].

La literatura señala que los estudiantes sobrestiman a menudo su rendimiento en los exámenes, los médicos sobrestiman la exactitud de sus diagnósticos y las personas sobrestiman hasta qué punto tienen las cosas bajo control, así como la rapidez con la que realizan su trabajo.

Como ejemplo de sobrevaloración frente a los demás se cita con frecuencia un estudio en el que el 93 % de los conductores estadounidenses y el 69 % de los conductores suecos de la muestra respondieron que se sentían conductores más competentes que el conductor medio de su país[ref]SVENSON, Ola. Are we all less risky and more skillful than our fellow drivers? Acta Psychologica. 1981, 47(2): 143-148. DOI: 10.1016/0001-6918(81)90005-6. ISSN 00016918. Disponible también en: http://linkinghub.elsevier.com/retrieve/pii/0001691881900056[/ref]. Cuando se pide a las personas que estimen con una certeza del 90 % las respuestas a determinadas preguntas numéricas (p. ej., ¿cuánto mide el río Nilo?), sus respuestas resultaron correctas solo en un 50 % de los casos o menos[ref]MOORE, Don A. y Paul J. HEALY. The Trouble with Overconfidence [en línea]. [consulta: 2015-10-18]. Disponible en: http://repository.cmu.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1340, p. 5[/ref].

Las consecuencias prácticas de este sesgo cognitivo son enormes. Aunque no se consideran personas arriesgadas, los emprendedores a menudo ponen en marcha un nuevo negocio porque no tienen una visión suficiente del riesgo que conlleva su tipo de actividad; no admiten que ciertos pasos necesarios para el éxito escapan a su control. En este caso, sin embargo, el sesgo también puede ser beneficioso e incluso necesario para tener éxito en un entorno tan competitivo como el que afrontan los emprendedores[ref]SIMON, Mark, Susan M. HOUGHTON y Karl AQUINO. Cognitive biases, risk perception, and venture formation. Journal of Business Venturing. 2000, 15(2): 113-134. DOI: 10.1016/S0883-9026(98)00003-2. ISSN 08839026. Disponible también en: http://linkinghub.elsevier.com/retrieve/pii/S0883902698000032[/ref]. Así lo confirman Haselton, Nettle y colaboradores cuando escriben que las conductas y decisiones equivocadas pueden llevar a veces a una mayor ambición y perseverancia, cuyas ventajas acaban por superar los aspectos negativos iniciales[ref]HASELTON, D., M. G. NETTLE y P.W. ANDREWS. The evolution of cognitive bias. En: BUSS, D. M. (ed.). Handbook of evolutionary psychology. Hoboken: Wiley, 2005, pp. 724-746. Disponible también en: http://www.sscnet.ucla.edu/comm/haselton/papers/downloads/handbookevpsych.pdf, p. 22[/ref].

El exceso de confianza se ha señalado además como posible causa de conflictos bélicos, de la asunción de riesgos en el mercado de valores, de la catástrofe de Chernóbil y de la explosión del transbordador espacial Challenger[ref]MOORE, Don A. y Paul J. HEALY. The Trouble with Overconfidence [en línea]. [consulta: 2015-10-18]. Disponible en: http://repository.cmu.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1340[/ref]. Scott Plous, profesor de psicología social, escribe: «Ningún problema del juicio […] tiene consecuencias potencialmente más catastróficas que el exceso de confianza»[ref]PLOUS, Scott. The Psychology of Judgment and Decision Making: (McGraw-Hill Series in Social Psychology). 1st edition. McGraw-Hill, 1993. ISBN 978-0070504776.[/ref].

En todos los sesgos cognitivos conocidos podemos observar correlaciones con rasgos de personalidad. En el caso del overconfidence bias, la investigación dice, por ejemplo, que los hombres son más propensos a sobrestimar sus capacidades, y que la empatía y la edad también se correlacionan positivamente con la sobrestimación[ref]MOORE, Don A. y Paul J. HEALY. The Trouble with Overconfidence [en línea]. [consulta: 2015-10-18]. Disponible en: http://repository.cmu.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1340, Appendix A[/ref].

Por último, mencionemos que Moore y Healy van más allá y en su trabajo formalizan una teoría general de la confianza en uno mismo, es decir, del modo en que las personas valoran su propio rendimiento, pero también el de los demás. Escriben que, tras cualquier tarea, las personas disponen de información imperfecta sobre su propio rendimiento y de información algo peor aún sobre el rendimiento de los demás. Cuando su rendimiento es alto, las personas tienden a subestimarse; el rendimiento de los demás lo valoran todavía algo peor, y así creen que son mejores que los otros. Si el rendimiento es pobre, la conducta y la valoración de las personas tienden a ser las contrarias: sobrestiman su propio rendimiento, sobrestiman todavía más el de los demás, lo que las lleva a considerarse peores que los otros[ref]Ibíd., p. 13[/ref].

El pensamiento se considera el software de nuestros cerebros. Incluso el programador más dotado deja errores en sus programas, ya sea por descuido o a propósito. La psicología evolucionista nos enseña que estos bugs de software influyen, en mayor o menor medida, en el pensamiento de cada uno de nosotros (siempre que consideremos verdadera la teoría de la evolución de Darwin, aunque, según el candidato a la presidencia de Estados Unidos Ben Carson, está inspirada por el mismísimo Satanás). En la historia de la ciencia encontramos que una certeza excesiva en tener la razón y la incapacidad de renunciar al paradigma del momento han afectado incluso a los miembros más inteligentes de la población humana; recordemos a los críticos de Copérnico y Galileo, o a Albert Einstein, que se negaba a admitir que la teoría cuántica y su «spooky action at a distance» pudieran ser ciertas (God doesn’t play dice with the Universe, dijo Einstein, pero el entrelazamiento cuántico le sacó de su error). ¿Cómo evitar errores así?

El estudio minucioso de los sesgos cognitivos o una lista impresa de falacias argumentativas en el tablón de anuncios son un comienzo bastante bueno. Pero contemos con que una persona rara vez, si es que alguna, dispone de todos los datos necesarios para emitir un juicio plenamente informado. Por eso, incluso en la vida de la persona más racional, la intuición, o si se quiere el juicio estético de la buena forma, desempeñará un papel privilegiado. Sin ella, como humanidad, todavía estaríamos reuniendo información sobre cómo funciona el mundo y no nos habríamos atrevido a dar el primer paso.