Phil Turner escribió el libro que hacía falta. El campo de la interacción persona-ordenador ha estado, desde sus inicios, fuertemente influido por la ciencia cognitiva y su paradigma del «cognitivismo», que contempla la mente humana a través de la metáfora de un procesador informático, más concretamente como una unidad de procesamiento de información. Sin embargo, el cognitivismo como paradigma ha sido atacado por muchos. Por ejemplo, Hubert Dreyfus, Lucy Suchman y Terry Winograd junto con Fernando Flores escribieron obras importantes que critican el cognitivismo y sus deficientes concepciones del contexto, la sociedad, la cultura y, en general, del «ser-en-el-mundo», que son, no obstante, cruciales para interpretar las acciones cotidianas de los seres humanos.

El libro ofrece un panorama del cognitivismo, seguido de los distintos enfoques poscognitivistas, como la mente corporeizada/extendida/enactiva/distribuida o la teoría de la actividad. Todos ellos comparten la idea de que, para entender la interacción con la tecnología, tenemos que ocuparnos de los factores contextuales. Además, todos coinciden en que la tecnología desempeña un papel importante en nuestra manera de afrontar las situaciones cotidianas y media nuestra relación con el mundo. La tecnología, desde el punto de vista de los enfoques poscognitivistas, no es un ladrillo pasivo que descansa sobre nuestras mesas, sino algo que moldea activamente nuestra mente y nuestro pensamiento. Nos permite hacer cosas que de otro modo nos resultarían inconcebibles.

En definitiva, Phil Turner ha escrito un libro que sirve de introducción para cualquiera que se esté iniciando en los enfoques teóricos de la HCI o que ya esté profundamente centrado en ellos. El campo de la HCI está adquiriendo una importancia real, porque en la era de la computación ubicua, del internet de las cosas, de la sociedad de la información y de la red, estamos inmersos en una tecnología con capacidades computacionales e interfaces. Por ello, la interacción persona-ordenador se ha convertido en algo así como una interacción «humano-tecnología-mundo». Y para semejante salto hacen falta nuevos paradigmas. La tecnología está profundamente entretejida en nuestras vidas; por eso parece que el campo de la HCI empieza a convertirse en una lente universal a través de la cual podemos analizar la sociedad y la humanidad en su conjunto. Filósofos y teóricos como Gilbert Simondon, Vilém Flusser o, más recientemente, Benjamin Bratton han defendido con vehemencia que, para analizar la sociedad, los métodos tradicionales de la sociología ya no bastan, porque los seres humanos interactúan cada vez más con la tecnología que con otros seres humanos, o bien la interacción entre humanos está casi siempre mediada por la tecnología. Para entender nuestra sociedad, necesitamos entender nuestra relación con la tecnología. Porque el viejo dictum es más pertinente que nunca: el medio es el mensaje.