He escrito una nueva versión de mi reflexión; recomiendo leer Reflexión sobre la pregunta de Heidegger por la técnica

Prólogo: El ensayo La pregunta por la técnica se escribió originalmente para un público con cuya formación filosófica el autor no podía contar. Heidegger presentó el texto en 1946 como conferencia en la Academia Bávara de Bellas Artes (Bayerische Akademie der Schönen Künste). Aunque el texto se escribió un año después del final de la Segunda Guerra Mundial, no encontramos en él ninguna mención directa a la guerra. Desde un punto de vista filosófico, pero también puramente pragmático, esto me parece lógico. La técnica, según nos enteramos en el texto, es algo que precede incluso a la investigación teórica de la naturaleza. Por eso es tan importante no dejarse seducir por las modas ni por el uso momentáneo de la palabra «técnica» ni de la técnica misma. Esto no significa que Heidegger pasara por alto del todo el peligro que va de la mano de la técnica. Pero lo hace solo al final de su ensayo, y para ello tiene una argumentación rigurosamente preparada que valdría antes y después de la guerra, precisamente porque no se sirve del contexto de entonces, por terrible que fuera. La universalidad y el empeño por «ir al núcleo de las palabras y de sus significados» son, entre otras cosas, un tema central de todo el ensayo.

Heidegger emprende este sendero arqueológico por los significados de las palabras con la convicción de que, a lo largo de los siglos, el significado original de las palabras se ha desvanecido, lo cual nos causa problemas cuando intentamos llegar a la esencia de las cosas, en el caso de este ensayo a la esencia de la técnica. Por eso, entre otras cosas, el ensayo está lleno de análisis etimológicos que se remontan hasta las raíces de la civilización occidental, a los significados de las palabras tal como se usaban en la Grecia antigua.

Los lectores avezados y los seguidores de Heidegger notarán que este texto, comparado con las demás obras del filósofo, es inusualmente breve y quizá también menos denso. Pero eso no significa que el texto sea sencillo. El uso de palabras extranjeras y, hacia el final, el lenguaje poético del autor hacen de este ensayo una obra cuya dificultad corresponde al objetivo que el autor se propuso:

«si preguntamos por la técnica, querríamos establecer con ella una relación libre. La relación es libre cuando en ella nuestro existir (Dasein) se abre a la esencia de la técnica».

A quienes no desanime la dificultad del ensayo, Heidegger les ofrece una mirada única sobre la técnica. Tras leerlo y comprenderlo, encontrarán en Heidegger inspiración para su comprensión no solo de la técnica, sino también de la teoría del diseño, e incluso de la epistemología. Sobre mi interpretación de Heidegger escribiré, eso sí, la próxima vez. En esta entrada del blog me gustaría «solo» presentar mis notas. Notas sobre La pregunta por la técnica de Martin Heidegger.

Cita: la esencia de la técnica no es en absoluto nada técnico, Martin Heidegger

El ensayo en resumen:

La comprensión convencional divide la técnica en medio para un fin y actividad humana. Heidegger denomina estas miradas la concepción instrumental y la concepción antropológica. Pero ¿qué es lo instrumental? Esta pregunta lleva al autor al análisis de la causalidad, que analiza sobre el trasfondo de las cuatro causas de Aristóteles:

  • causa material (causa materialis) — el material del que está hecho el objeto
  • causa formal (causa formalis) — la forma propia del objeto
  • causa eficiente (causa efficiens) — quien hizo el objeto
  • causa final (causa finalis) — con qué fin se hizo el objeto

En su investigación de lo instrumental, Heidegger desciende un nivel más y se centra en qué es la causalidad. Aquí advierte que no entendamos la causalidad como causa, como aquello que produce algo. Pues lo que los romanos llamaban causa (caer, sobrevenir), para los griegos era aition, es decir, aquello a lo que otra cosa es deudora. Una persona, por ejemplo un artesano (o, en el ejemplo de Heidegger, un orfebre de la plata), que elabora un objeto como causa efficiens, es responsable, como subraya aquí Heidegger, del objeto resultante no por hacerlo, sino por reflexionarlo y por reunir los otros tres modos de ser responsable. Para el reflexionar, los griegos usaban la palabra legein, logos, término que procede de apophainesthai, que significa sacar a la luz, hacer aparecer, en inglés «to reveal».

No debemos entender el ser responsable en el sentido moderno, moral, sino en el sentido original de los griegos, en el que aition significa «ser responsable de». A continuación Heidegger llega a una interpretación fundamental de aition: las cuatro «causas» mencionadas (aquí ya realmente entre comillas) son responsables del objeto acabado, lo dejan entrar en la presencia esencial, lo dejan pasar hasta aquí, lo dejan completar su llegada (p. 12). Heidegger escribe:

«¿En qué se juega, entonces, el juego conjunto de estos cuatro modos de ocasionar? Estos cuatro modos dejan que lo que todavía no está presente llegue a la presencia».

Este ocasionar, que lleva a algo a pasar de la no-presencia a la presencia, es lo que Platón en el diálogo El banquete llama poiesis, o más bien traer-ahí-delante (her-vor-bringen, en inglés bringing-forth).

Tenemos dos tipos de traer-ahí-delante: la poiesis y la physis. La poiesis es el traer-ahí-delante por alguien o por algo (p. ej., por un artesano), aunque la poiesis no significa solo la actividad artesanal, poética o artística.

La physis, por otro lado, es el traer-ahí-delante por naturaleza, por sí mismo.

¿Cómo sucede el traer-ahí-delante, en la naturaleza y en el artesano? Aquí Heidegger da una respuesta evasiva. Menciona palabras y expresiones del todo sinónimas: el traer-ahí-delante como:

  • Entrar en la aparición
  • Sacar del ocultamiento al desocultamiento
  • Acontece cuando lo oculto pasa a lo desoculto
  • Este pasar destella en lo que llamamos desocultar

Para el desocultar los griegos tienen la palabra aletheia, los romanos veritas; Heidegger constata que nosotros decimos verdad, corrección de la representación. (p. 12) En el desocultar se reúnen los cuatro modos de ocasionar (las 4 causas, pues participan en el desocultamiento del objeto). La técnica como instrumento, como medio, es uno de los modos de desocultar. La técnica es un ámbito del desocultar. Un ámbito de la verdad.

Con esto Heidegger concluye el análisis del carácter instrumental de la técnica y de la causalidad.

Heidegger ofrece a continuación un análisis de la propia palabra técnica. Esta procede del griego technikon, que significa lo que pertenece a la techné. La techné no es solo artesanía, sino también arte y pensamientos. La techné pertenece al desocultar, y por tanto a la poiesis; es poiética (no physis), porque no se desoculta por sí misma, sino por alguien o por algo (p. ej., por el ser humano).

Desde los tiempos de Platón, la techné ha estado unida a la palabra epistémé. Ambas palabras son nombres del conocer en el sentido más amplio, del saber experto, de un conocer que abre y desoculta las cosas.

Contra esta determinación del ámbito de la esencia de la técnica puede objetarse que, si bien quizá valía para el pensamiento griego y en el mejor de los casos encaja con la técnica artesanal, no encaja con la técnica moderna de las máquinas (p. 15)

Heidegger reconoce que el análisis hecho hasta ahora podía funcionar para la artesanía, pero ¿qué ocurre con la técnica moderna, que se basa en los conocimientos de las ciencias exactas? ¿Es el uso de las ciencias exactas (la física teórica y la aplicada) lo que separa la técnica moderna de la de los tiempos en que la cumbre de la técnica era la artesanía? Heidegger no está de acuerdo, porque la técnica hizo posibles las ciencias modernas; sin la técnica las ciencias modernas no podrían funcionar, verificar sus resultados, etc. Lo cual significa que la técnica es algo que existe antes que la ciencia.

En lo que la técnica moderna se distingue es en el hecho de que su desocultar no es poiesis, sino PROVOCACIÓN (p. 14), que exige a la naturaleza que sea provocada, que suministre energía. Esta provocación de la naturaleza es una forma de extracción, un desocultar que provoca. La naturaleza entera se convierte en existencias (en inglés standing-reserve), Bestand, queda alcanzada por el desocultar que provoca.

Pero el propio ser humano se convierte en existencias (standing-reserve). El obrero, el leñador forman parte de la industria, dependen de la industria y la industria los utiliza como existencias para obtener beneficios. Que esto es peligroso lo mencionará Heidegger más adelante.

El desocultar que provoca lo lleva a cabo, por supuesto, el ser humano (nota mía: ¿es Heidegger fuertemente antropocéntrico?). Por otro lado, también al ser humano se le exige algo, a saber, precisamente su necesidad de provocar a la naturaleza para que se desoculte. ¿Y qué es lo que empuja al ser humano a ello? Heidegger lo llama Gestell (en inglés En-framing), la estructura de emplazamiento, un emplazar que solicita. (nota mía: la palabra Gestell les causa problemas a muchos; no solo usa Heidegger Gestell en un sentido completamente nuevo, sino que no se toma la molestia de explicar debidamente este sentido nuevo [suyo]). Heidegger describe la Gestell como:

«aquella interpelación provocante que reúne al hombre para que solicite lo que se desoculta como existencias» (p. 21)

En la versión inglesa, «lo que se desoculta» se traduce como «self-revealing», así que podemos decir que el ser humano aprovecha (provoca) mediante la técnica moderna lo que se desoculta como physis.

(El autor señala que en alemán Gestell suele significar pedestal, chasis, estantería para libros. A partir de la traducción inglesa, Enframing, entendemos también la Gestell como enmarcado, marco, armazón, estructura)

La Gestell forma parte del desocultar, es decir, de la esencia de la técnica, pero no es nada técnico (por eso Heidegger, como filósofo, puede investigar seriamente la esencia de la técnica sin tener ninguna formación técnica; es decir, no necesita ser, por ejemplo, ingeniero).

La Gestell incita al ser humano a desocultar/provocar la naturaleza como reserva utilizable. (nota mía: Pero esto solo ocurre cuando esa reserva es cuantificable, dicho de otro modo, cuando esas reservas pueden ser aprehendidas por el aparato de la física teórica actual. Lo que no es calculable no puede desocultarse, y así, en realidad, no existe [para el ser humano]. Heidegger todavía hablará de ello, pero este fisicalismo que como humanidad hemos impuesto a la naturaleza trae consigo, muy probablemente, los problemas y peligros de la Gestell — entender y tratar la naturaleza como algo que está aquí para que lo usemos).

La Gestell, según se desprende del texto, no es el único modo de desocultar, y por tanto el ser humano no tiene por qué desocultar lo que hay en la naturaleza como reserva utilizable. En ello el ser humano tiene una libertad que, según Heidegger, administra lo iluminado, lo desoculto. La libertad está en esto cerca de la verdad, pues tanto la libertad como la verdad acontecen en (interpretación mía) el borde imaginario del desocultar: el desocultar ilumina y al mismo tiempo desoculta.

La Gestell es un peligro porque obliga al ser humano a desocultar solo lo que es capaz de (interpretación mía) encasillar en conceptos y fórmulas matemáticas, sin importar si es verdadero o no. Si entendemos la técnica como instrumento, no evitaremos la causalidad. Si comprendemos la causalidad (las causas) como los modos en que las cosas llegan de la no-existencia, del ocultamiento, a la existencia, al desocultamiento, comprenderemos que la esencia de la técnica es el modo en que desocultamos el mundo.

Heidegger exhorta a que podemos evitar este peligro si empezamos a desocultar la naturaleza como lo hacían los griegos, a desocultar como techné, como instrumentalidad de la técnica y como arte, como poiesis. Para Heidegger, el arte en la Grecia antigua tenía un elemento unificador, en tanto que integraba todos los aspectos de la vida en un solo todo. El arte es para Heidegger un modo de desocultar capaz de transmitirnos la verdad sin que esta cargue con la exigencia de medibilidad y cuantificabilidad, pues al arte, en general, le interesan estas exigencias menos que a la técnica como Gestell, la técnica como provocación de la naturaleza.

No quedarse en la Gestell, sino examinar y valorar críticamente nuestra relación con la esencia misma del desocultar, con el mundo. Pues el preguntar, como escribe Heidegger, es la piedad del pensar.